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Espectáculos |DEL ÉXITO A LA CAÍDA

El costado oscuro del K-pop: un negocio multimillonario que crea ídolos y también los destruye

Desde hace años, este fenómeno crea grupos musicales que facturan por millones, pero también lleva a los jóvenes a ir a extremos preocupantes con tal de obtener la fama mundial

El costado oscuro del K-pop: un negocio multimillonario que crea ídolos y también los destruye

BTS

29 de Marzo de 2026 | 05:21
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El K-pop es una maquinaria de precisión quirúrgica que exporta perfección, juventud y energía inagotable. Sin embargo, detrás de las coreografías milimétricas y los rostros de porcelana, se esconde una realidad de sacrificios extremos, contratos restrictivos y una presión psicológica que, en ocasiones, tuvieron consecuencias fatales para muchos jóvenes coreanos.

Todo comienza en las agencias de talento. Los aspirantes, o “trainees”, entran al sistema siendo apenas niños o adolescentes. Durante años, viven en dormitorios compartidos bajo un régimen casi militar. Las jornadas de entrenamiento suelen superar las 12 o 15 horas diarias, repartidas entre clases de baile, canto, idiomas y etiqueta. Muchos jóvenes sacrifican su educación formal y el contacto con sus familias por una posibilidad mínima de debutar, aunque se estima que solo el 1 por ciento llega a pisar un escenario profesional.

Sumado a esto, las agencias imponen estándares de peso irreales que derivan en trastornos alimenticios. Un caso emblemático es el de Momo, de Twice, quien reveló que antes de su debut tuvo que perder 7 kilos en una semana, consumiendo únicamente un cubo de hielo al día y escupiendo su saliva para no retener líquidos.

Ejemplos como la “dieta del vaso de papel”, en donde se come solo lo que entra en un vaso pequeño, son prácticas comunes dentro del ambiente del K-pop. A esto se suma la presión por someterse a cirugías estéticas para alcanzar el “rostro ideal”, muchas veces financiadas por la propia agencia, lo que aumenta la deuda del artista.

Stray Kids

PASANDO LOS LÍMITES DE LA EXPOSICIÓN

La salud mental también fue un tema que causó revuelo dentro del K-pop. El ciberacoso y la soledad estructural de la industria han llevado a tragedias que marcaron un antes y un después. La muerte de Jonghyun (SHINee) en 2017 dejó una nota de despedida que hablaba sobre la depresión que lo “devoraba por dentro”. En 2019, las muertes de Sulli y Goo Hara, víctimas de un acoso digital implacable y violencia de género, desnudaron la vulnerabilidad de las mujeres en este entorno.

Por otro lado, el escándalo de Burning Sun, ocurrido en Seúl en 2019, reveló un lado oscuro criminal, donde figuras prominentes del K-pop estuvieron involucradas en redes de sobornos, abuso sexual y distribución de videos sin consentimiento, demostrando que el poder y la impunidad también se filtran en las altas esferas del entretenimiento coreano.

Blackpink

BTS Y BLACKPINK: UNA META INALCANZABLE

El regreso de BTS al ambiente del K-pop generó un efecto colateral complejo: el estándar de perfección se volvió tan alto que los sacrificios exigidos a los nuevos aspirantes y a los ídolos consolidados alcanzaron niveles críticos.

El ascenso de BTS de una agencia pequeña a la cima del mundo cambió las reglas del juego. Su éxito demostró que la autenticidad y el talento pueden romper barreras, pero también impuso una métrica de rendimiento casi inalcanzable. Para las nuevas generaciones de grupos, ya no es suficiente con ser populares en Corea; la meta es el Billboard y estadios mundiales desde el debut. Esta ambición empuja a las agencias a intensificar los entrenamientos, exigiendo una “perfección global”.

Si BTS representa el estándar del éxito masculino, BLACKPINK se ha convertido en el espejo de la aspiración femenina global, pero su ascenso no fue glamoroso. Antes de ser las “reinas del K-pop”, las integrantes vivieron una etapa marcada por la precariedad.

En su documental, disponible en Netflix, revelaron que durante años vivieron en dormitorios compartidos donde convivían con cucarachas, subsistiendo con comidas mínimas como huevos revueltos y mermelada de frutilla para no exceder los presupuestos ni el peso permitido.

Una vez alcanzada la fama, el sacrificio continuó: del hambre pasaron al agotamiento crónico. Al ser embajadoras de las casas de moda más lujosas del mundo y encabezar giras mundiales masivas, sus agendas no permiten descansos. Jennie fue una de las más honestas al respecto, confesando que durante las giras su sistema inmunológico colapsaba con frecuencia: se la vio necesitando asistencia médica o abandonando el escenario debido a ataques de pánico y fatiga extrema.

Twice

 

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