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Séptimo Día |UNA ACTIVIDAD EN CRECIMIENTO

La joven Marcha Nórdica y el antiguo deporte a su lado

Una relación que viene desde la antigua Grecia. La carga espiritual y el fenómeno de volver a caminar con cuatro puntos de apoyo, como antes de la aparición del “homo-erectus”

La joven Marcha Nórdica y el antiguo deporte a su lado

Gustavo (de campera turquesa), con todo el grupo detrás. Una postal inolvidable con los marchistas en el mar y los acantilados de fondo

MARCELO ORTALE
Por MARCELO ORTALE

11 de Enero de 2026 | 02:16
Edición impresa

El turista en la playa de Mar del Plata pone su mano como ala de una gorra para detener los rayos del sol porque, de pronto, ve sobre la costa una fila de supuestos esquiadores que caminan ensimismados, mientras aprovechan el empuje de los típicos bastones que sirven para impulsarse en la nieve. Pero no es nieve sino arena cálida y no hay temperatura invernal sino muy veraniega, con algo más de 30 grados en Punta Mogotes.

“No puede ser”, piensa el hombre y entonces se acerca a la hilera de marchistas que le explican que: “Estamos haciendo esta actividad que se llama Marcha Nórdica”, para agregar sonrientes que no son esquiadores, sino cultores de una actividad aeróbica –ya reconocida como deporte- que no tiene más de veinte años en la Argentina, ni más de treinta en el mundo.

Lo que primero se percibe al hablar con esa gente –hay unos 130 marchistas constantes en Mar del Plata, epicentro de la Marcha Nórdica en el país- es que existe en ellos no solo una intención física, esencialmente aeróbica, sino que en su interior llevan como una suerte de llama filosófica que los anima. La mayoría de los cultores superan los 50 años de edad y hasta podría decirse que el promedio irá por los 60. Y entre ellos hay profesionales, comerciantes, políticos, artesanos unidos por la extraña pasión que les causa este deporte.

Al verlos irse hacia el lado de la escollare Sur, apoyándose en el bamboleo rítmico de sus dos bastones, se percibe que en ellos hay algo más, una especie de sentimiento difícil de explicar. No son meros participantes de una actividad física, de unos 80 minutos por día que realizan en grupos de unos diez en Punta Mogotes, en Playa Grande, en la Varese y en las playas con acantilados del sur y norte marplatenses.

¿Será acaso que disfrutan del privilegio, en este pleno vértigo contemporáneo, de poder volver a la época primigenia del ser humano, a la perdida inocencia de cuando los remotos antecesores se desplazaban en cuatro puntos de apoyo, antes de pasar a ser el homo-erectus, el hombre erguido sobre sus dos pies?

Gustavo Iriart, introductor de la Marcha Nórdica en la Argentina

“Algo de eso hay” confirma Gustavo Iriart (1973) profesor de educación física graduado en Mar del Plata e introductor de la Marcha Nórdica en nuestro país a inicios del siglo actual.

De joven fue a España, se perfeccionó, conoció que el marchismo propio de los casi siempre nevados países nórdicos había sido adoptado por España para caminar bajo el constante sol ibérico (y también por Italia y Francia. Se entusiasmó, volvió a España a perfeccionarse, regresó a la Argentina y empezó a imponerlo gradualmente en Mar del Plata, en donde creó y preside la Escuela Argentina de Marcha Nórdica en la Argentina, que luego abrió delegaciones ya instaladas en La Plata, Mendoza, Neuquén, Esquel, San Martín de los Andes y Formosa, con instructores trabajando en cada una de ellas. En La Plata hace un buen tiempo que los “nórdicos” dan vueltas por la República de los Niños

 

Los marchistas se parecen más a exploradores, que a personas que hacen ejercicios

 

Es una gimnasia pero ya se lo reconoció como deporte. Un deporte cargado de espiritualidad y con mucha intelectualidad puesta en su ejercicio. Una prueba de que no se equivocan en nada quienes ven la existencia entre el deporte y la literatura de una relación íntima. Los marchistas se parecen más a exploradores que van por un mundo distinto, que a personas que hacen ejercicios.

EL INTRODUCTOR

“La marcha nórdica empezó muy de a poco en la Argentina. Con uno o dos familiares y con algún amigo empezamos a practicarla en Mar del Plata y en forma gradual se activó luego en muchos lugares del país”, dice Iriart.

“No es una actividad de montaña sino que puede realizarse en cualquier otro lugar. Sólo hace falta algún par de bastones y ropa apropiada. Ahora sistematizamos el tratamiento y tenemos tres tipos de alumnos, divididos en lo que sería el período de iniciación, de salud y luego el grupo deportivo”, agregó

Los casi doscientos practicantes marplatenses ya hicieron excursiones a Esquel y otros sitios del país, así como también se presentaron en Uruguay. El resultado de esas giras se traduce en nuevos adeptos a este deporte.

“Primero nos miraban como algo raro y ahora la marcha nórdica ya está bastante vista. En cuanto a los bastones, digamos que deben ser como una continuidad del brazo”. La técnica de los bastones obliga a movilizar los miembros superiores, brazos y hombros y eso forma parte de las múltiples ventajas médicas de esta práctica.

Los interesados obtener más datos pueden comunicarse con la página de la entidad que preside Gustavo Iriart, www.marchanordica.com.ar

LITERATURA Y DEPORTES

Desde los griegos –cuándo no- hasta hoy la literatura y el deporte mantuvieron una relación estrecha. Se habla como antecedentes de las famosas odas de Píndaro a los juegos olímpicos iniciados en la antigua Atenas hasta hoy, el deporte pasó a ser para los escritores una permanente metáfora que reflejó la belleza y la armonía existencia, la lucha por la victoria, el dolor de una derrota, Y existen en la literatura deportiva acciones y páginas inolvidables.

 

“Primero nos miraban raro y ahora la marcha nórdica ya está bastante vista”

 

Dino Buzzati emocionó como cronista en el Giro de Italia, una mítica prueba de ciclismo en la que combatieron tenazmente Fausto Coppi y Gino Bartali. El novelista Curzio Malaparte quiso dejar un testimonio y en la azotea de su casa giró en bicicleta tantas veces que concretó un recorrido similar al de una vuelta al mundo.

Hay biografías de tenistas que existen para que cualquier lector las devore de la primera a la última página casi sin parar. Ellas son las autobiografías de Andrea Agassi, Roger Federer y Rafael Nadal.

La obsesión por el surf de William Finegan o por el velerismo de Arturo Pérez-Reverte. La adicción por correr maratones del novelista japonés Haruki Murakami, los universos de la creatividad y de la libertad corporal que dan los deportes viajan juntos desde hace miles de año. Y eso es lo que está pasando ahora entre la joven Marcha Nórdica y el deporte que viene desde el fondo de los tiempos.

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