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La Ciudad |Entre alivio y riesgo, El clima podría dar un giro

El “Súper Niño”: el fenómeno climático que podría cambiar el panorama del campo bonaerense

El “Súper Niño”: el fenómeno climático que podría cambiar el panorama del campo bonaerense
26 de Abril de 2026 | 03:43
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Los principales centros internacionales de monitoreo climático comenzaron a encender las alertas sobre la posible llegada de un nuevo episodio de El Niño hacia la segunda mitad de 2026. Los modelos de pronóstico coinciden en que existe una probabilidad creciente de que el fenómeno se desarrolle a partir del invierno, con impactos que podrían sentirse con fuerza en la primavera sobre el centro y el noreste de la Argentina. En el ámbito agropecuario, donde cada milímetro de lluvia puede definir el destino de una campaña, la evolución del fenómeno ya es seguida con atención.

Las proyecciones más recientes indican que el Pacífico ecuatorial podría comenzar a calentarse progresivamente en los próximos meses, una señal típica del inicio de la fase cálida del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). Este patrón oceánico-atmosférico modifica la circulación global del aire y altera el régimen de lluvias en diferentes regiones del planeta, generando períodos más húmedos o más secos según la zona.

En términos simples, El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico central y oriental se vuelven más cálidas de lo normal durante varios meses consecutivos. El fenómeno opuesto es La Niña, que se caracteriza por temperaturas oceánicas más frías que el promedio. Ambos eventos forman parte de un ciclo natural que se repite cada pocos años y que tiene repercusiones directas en la producción agrícola.

La importancia del momento en que se desarrolla el fenómeno también es clave. Cuando El Niño se consolida durante el invierno del hemisferio sur, suele traducirse en un aumento de las precipitaciones hacia fines de la primavera y el verano en gran parte de la Cuenca del Plata, una región que incluye a buena parte de las zonas productivas de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.

Qué dicen los pronósticos internacionales

El escenario actual muestra que el planeta todavía se encuentra bajo influencia de La Niña, aunque en fase de debilitamiento. Los informes climáticos más recientes anticipan que el sistema podría transitar hacia una etapa neutral en los próximos meses, antes de dar paso a un posible episodio de El Niño.

Según las proyecciones del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, existe una probabilidad superior al 60% de que el fenómeno comience a desarrollarse entre junio y agosto de 2026. De confirmarse, el evento podría extenderse hasta finales de ese mismo año.

Existen chances superiores al 60% de que el fenómeno comience entre junio y agosto

Otros centros de investigación climática coinciden con esta tendencia. El Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad, dependiente de la Universidad de Columbia, también ubica las probabilidades de El Niño por encima del 50% a partir del trimestre mayo-junio-julio.

Sin embargo, todavía existe incertidumbre sobre la intensidad que podría alcanzar el evento. Los modelos climáticos sugieren que existe aproximadamente una posibilidad de uno en tres de que el fenómeno sea fuerte hacia el último trimestre del año, lo que abre la puerta a un escenario más extremo.

El concepto de “Súper Niño”

En los últimos días comenzó a circular con fuerza la expresión “Súper Niño”, un término utilizado para describir episodios especialmente intensos del fenómeno. Aunque no es una categoría oficial en todos los organismos meteorológicos, suele emplearse cuando las anomalías de temperatura en el Pacífico ecuatorial superan los +2 grados centígrados durante varios meses consecutivos.

Este nivel de calentamiento oceánico se registra en la región conocida como Niño 3.4, un área clave para monitorear el comportamiento del sistema climático. Cuando la desviación térmica supera el umbral de +2 °C, el evento pasa a ser considerado extremadamente fuerte.

En la historia reciente hubo algunos ejemplos notorios de este tipo de episodios. Los eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 provocaron alteraciones climáticas de gran escala, con inundaciones en algunas regiones del planeta y sequías severas en otras.

Los científicos advierten que el cambio climático podría aumentar la frecuencia o la intensidad de estos eventos extremos. El calentamiento desigual de los océanos, especialmente en el Pacífico occidental, aparece como uno de los factores que podrían favorecer la aparición de episodios más intensos en el futuro.

Una señal clave para el campo argentino

Para Argentina, la llegada de El Niño suele traducirse en un cambio significativo en el régimen de lluvias. El patrón histórico muestra que la fase cálida del ENSO tiende a generar primaveras y veranos más húmedos en el centro y el noreste del país.

Las provincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires suelen ser algunas de las más influenciadas por este fenómeno. También se registran impactos en la región del Litoral y parte del nordeste argentino, donde las precipitaciones pueden aumentar por encima de los valores normales.

En un contexto marcado por años recientes de sequía asociados a La Niña, la llegada de un Niño podría representar un alivio para los perfiles de humedad del suelo. La recuperación de reservas hídricas es clave para el desarrollo de cultivos como la soja y el maíz, pilares de la producción agrícola nacional.

Sin embargo, el fenómeno también tiene un costado menos favorable. Cuando las lluvias se vuelven demasiado intensas o frecuentes, pueden aparecer problemas de anegamiento, dificultades para las labores agrícolas y un aumento en la presión de enfermedades fúngicas sobre los cultivos.

Entre la oportunidad y el riesgo

Por esa razón, los especialistas suelen describir a El Niño como una espada de doble filo para el agro. Mientras que un aumento moderado de las precipitaciones puede favorecer el rendimiento de los cultivos, los excesos hídricos pueden generar pérdidas importantes.

La magnitud del impacto dependerá en gran medida del estado previo del suelo y de la distribución de las lluvias a lo largo de la temporada. No es lo mismo un evento con lluvias regulares y bien repartidas que uno con tormentas intensas concentradas en pocos días.

En paralelo al pronóstico de largo plazo, los modelos meteorológicos también anticipan episodios de inestabilidad en el corto plazo. Sistemas frontales podrían provocar lluvias y tormentas intensas en la franja central del país, con acumulados que en algunos casos podrían acercarse a los 100 milímetros.

Estas precipitaciones afectarían principalmente a Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y parte de Buenos Aires, antes de desplazarse hacia el norte del país. Al mismo tiempo, se prevé el retorno de las lluvias a sectores de la cordillera patagónica y a las llanuras del centro del país, regiones que venían atravesando períodos prolongados de escasez hídrica.

El seguimiento será clave

A pesar de las señales iniciales, los especialistas advierten que todavía es temprano para asegurar que el fenómeno alcance la intensidad de un “Súper Niño”. La evolución de las temperaturas oceánicas y de la atmósfera en los próximos meses será determinante para confirmar el escenario.

Incluso un evento moderado o fuerte puede modificar significativamente el patrón de lluvias en Sudamérica. Por esa razón, los organismos internacionales recomiendan un monitoreo constante del sistema climático para anticipar posibles impactos.

En el caso del agro argentino, esta información se vuelve una herramienta fundamental de planificación. Las decisiones sobre siembra, manejo de cultivos y estrategias productivas suelen apoyarse cada vez más en los pronósticos climáticos estacionales.

Mientras tanto, la mirada de productores y especialistas seguirá puesta en el Pacífico. Allí, a miles de kilómetros de los campos argentinos, se gestan muchas veces las condiciones que terminan definiendo el destino de una campaña agrícola. Si finalmente se concreta el escenario de un Niño fuerte o incluso de un “Súper Niño”, el clima de la próxima primavera podría marcar un punto de inflexión para el campo.

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