Un pez globo o una mandibula de tiburón, algunos de los recursos que utilizan en Eureka para ayudar a que los chicos aprendan a pensar/ Eureka
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En tiempos en que abunda la información, cada vez más padres intentan brindarles a sus hijos una formación que los ayude a desarrollar el pensamiento lógico y la creatividad
Un pez globo o una mandibula de tiburón, algunos de los recursos que utilizan en Eureka para ayudar a que los chicos aprendan a pensar/ Eureka
Nicolás Maldonado
nmaldonado@eldia.com
Aunque reconoce que la escuela a la que asistía su hijo mayor “no era para nada mala”, Paula Simonet y su marido sintieron que no lo estimulaba lo suficiente; que la enseñanza que le ofrecía era “demasiado lineal”. Fue así que comenzaron a a buscar alternativas complementarias “que lo ayudaran a desarrollar sus habilidades” sin representar para él una sobrecarga sino más bien una diversión. Hace ya seis años que Pedro, que hoy tiene 12, asiste a Eureka, un espacio de educación para el pensamiento de La Plata a donde ahora van también sus hermanos menores, Manuel y Belén. Para ella, la prueba más contundente de que encontró lo que buscaba es que año tras año sus tres hijos le piden que los vuelva a anotar.
Conscientes de la importancia de aprovechar la avidez por conocer que tienen en general los chicos, pero también de que la escuela tradicional muchas veces no logra explotarla bien, cada vez más padres de clase media deciden mandar a sus hijos a espacios de educación complementaria donde se les enseña a pensar. Aunque a priori puede parecer aburrido, o incluso una sobrecarga académica, eso no es precisamente lo que reflejan las caras de los chicos de entre 6 y 17 años que suelen encontrarse ahí.
No existen notas, ni exámenes, sino experiencias que los involucran y los desafían a pensar
Acaso la explicación de ello esté en las mismas propuestas de estos espacios, donde no existen notas, exámenes ni lecciones para repetir, sino experiencias que –ya sean en el campo de la matemática, el lenguaje o las ciencias exactas- los involucran y los desafían a pensar por sí mismos valiéndose para ello de un poderoso motor: su curiosidad natural.
Con propuestas de lo más diversas, pero siempre en un marco lúdico donde lo importante no es incorporar conocimientos sino aprender a razonar, este tipo de espacios educativos viene captando un interés creciente en gran parte de país; y La Plata no es una excepción. De hecho, los dos centros que funcionan a nivel local, Eureka y el Taller Galileo, reciben cada principio de año una demanda a veces mayor de la que están dispuestos a absorber.
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“Nuestra propuesta apunta a desarrollar el pensamiento lógico, algo a lo que se llega realizando experimentos y trabajando en forma manual. La idea es alentar a los chicos a que se hagan preguntas y propongan respuestas posibles, estimular su curiosidad, sus ganas de entender”, explica Elsa Canestro desde el Taller Galileo, la primera de las experiencias de este tipo nacidas en nuestra ciudad.
Fundado hace 34 años por Elsa y su esposo (ella química biológica; él, físico químico) el Taller Galileo enseña ciencias a chicos de entre 6 y 11 años como una forma de enseñarles a pensar. Para ello sus profesores, todos universitarios, se valen de experiencias como fabricar una microscopio casero, construir una cámara fotográfica o analizar los fenómenos químicos que tienen lugar en nuestra vida cotidiana. Su espacio -comentan- funciona en cierto modo como “los laboratorios de ciencias que algunas escuelas tienen pero que aprovechan muy rara vez”.
Para Elsa y su esposo, la demanda de inscripciones que reciben cada año obedece en cierto modo a esa causa. La formación que ofrecen en Galileo -sostienen- está “ausente de la escuela tradicional, donde los maestros trabajan con demasiados chicos y suelen no estar preparados para ayudarlos a desarrollar el pensamiento lógico estimulando los por qué”.
“Es imposible enseñar a pensar porque pensar no es un conocimiento sino una actividad individual –sostiene contra el título de esta nota el profesor Alfredo Palacios, uno de los fundadores de Eureka-. Lo que intentamos en cambio es que los chicos produzcan su propios conocimientos a partir de operaciones esenciales del pensamiento, como son el observar, comparar y clasificar, algo que las escuelas dan por sentado que saben llenándolos de información que después repiten sin entender”.
Desde esta mirada, en Eureka, un espacio de “Educación del pensamiento” con casi tres décadas de trayectoria en la ciudad, se valen de las asignaturas convencionales pero no para llenar a los chicos de datos sino sólo como un medio para enseñarles a razonar. “Cada chico tiene un talento que a veces ni sus propios padres reconocen pero intuyen que está y saben que si no se lo estimula lo pueden perder”, señala Alejandra Etcheverry, otra de sus fundadoras, al explicar lo que mueve a muchas familias a inscribir a sus hijos allí.
“La idea es alentar a los chicos a que se hagan preguntas estimulando sus ganas de entender”
Y es que ya sea “por falta de herramientas o de estímulos, esos talentos que todos los chicos tienen en algún campo suelen inadvertidos en la escuela tradicional. Por eso nuestra propuesta -afirman en Eureka- no pasa por enseñarles nada a los chicos sino por ayudarlos a descubrir esos talentos a través del ejercicio de aprender: pensar es un acto que se aprende haciéndolo”.
Con mayor o menor crítica hacia la enseñanza tradicional, los referentes de la educación para el pensamiento de nuestra ciudad coinciden en resaltar cierto cambio de actitud en los padres de clase media, que son a fin de cuentas quienes alimentan la demanda de una educación no convencional.
“Hace veinte años entraba la gente y nos preguntaba si acá enseñábamos control mental. Hoy vemos familias más conscientes de la importancia de una buena formación, más preocupadas por la educación de sus hijos”, comentan en Eureka, donde afirman que también la percepción colectiva sobre lo que es la inteligencia ha cambiado a lo largo de los últimos años en nuestro país.
Mientras que antes se creía en general que cada cual estaba dotado de cierta inteligencia y sólo hasta ahí podía llegar; hoy la mayoría de la gente sabe que eso se trabaja y que no hay sólo una forma de inteligencia. Pero además, sostiene el profesor Palacios, existe una mayor consciencia de que “tal vez hay un físico o un matemático eminente en nuestros hijos y que si no se les da la posibilidad de que exploren al menos ese camino nunca lo van a llegar a ser”.
“Cuando arrancamos, la mayoría de nuestros alumnos eran chicos de quinto o sexto grado que aspiraban a ser científicos. Hoy casi todos los que empiezan tienen alrededor de seis y quieren hacer experimentos”, cuentan en el Taller Galileo al señalar que más allá de ese cambio en la edad, el hecho es que hay “padres que valoran ese interés y entienden que se trata de una educación que en un futuro les va a servir.
Cualquiera sea la motivación de los padres, lo que estos centros les ofrecen no es ningún caso convertir a sus hijos en genios. “Nuestra aspiración es lograr que los chicos piensen; después que digan lo que piensan; tercero, que hagan lo que dicen; y cuarto que se sientan felices haciéndolo -afirman en Eureka-. Si logramos esas cuatro cosas estaremos felices de haber cumplido nuestra función”.
Un pez globo o una mandibula de tiburón, algunos de los recursos que utilizan en Eureka para ayudar a que los chicos aprendan a pensar/ Eureka
La educación para el pensamiento se apoya en el ejercicio de observar
Alejandra Etcheverry y Alfredo Palacios, directores de Eureka.- "Observar, comparar y clasificar son operaciones esenciales para el pensamiento que la escuela tradicional muchas veces da por sentado o no puede desarrollar. De esa forma, por falta de herramientas o de estímulos, esos talentos que todos los chicos tienen en algún campo, y que a veces ni los padres mismos conocen, pasan inadvertidos. Nuestra propuesta no pasa por enseñarles nada a los chicos sino por ayudarlos a descubrir esos talentos a través del ejercicio de aprender: pensar es un acto que se aprende haciéndolo"
Elsa Canestro, cofundadora del Taller Galileo.- "Los chicos manejan hoy muchísima información pero en general no saben razonar. Se trata de un tipo de formación que muchas veces está ausente de la escuela tradicional, donde los maestros trabajan con demasiados chicos y suelen no estar preparados para ayudarlos a desarrollar el pensamiento lógico. Eso es precisamente lo que buscamos nosotros a través de pequeños experimentos que apuntan estimular la curiosidad, las preguntas, los por qué"
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