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Nafta, geopolítica y costos: la inflación que viene de afuera

Nafta, geopolítica y costos: la inflación que viene de afuera

El petróleo es el insumo transversal por excelencia / WEB

Instituto de Economía Aplicada

5 de Abril de 2026 | 03:17
Edición impresa

Universidad del Este

En las últimas semanas, el precio internacional del petróleo volvió al centro de la escena, impulsado por el conflicto en Medio Oriente protagonizado por Estados Unidos, Israel e Irán. El mismo reintrodujo un factor clásico —pero siempre latente— en la dinámica inflacionaria global: la suba de costos de la energía. En este contexto, la reciente decisión de YPF de implementar un “buffer de precios” en los combustibles (congelamiento) vuelve a poner en discusión el vínculo entre precios internacionales, costos internos y política económica.

El petróleo es, probablemente, el insumo transversal por excelencia en la economía global. Su precio no solo impacta en los combustibles, sino también en la logística, la producción industrial, los alimentos y, en general, en toda la estructura de costos. Por eso, cuando sube el barril, la presión inflacionaria no tarda en aparecer, incluso en economías con políticas monetarias contractivas.

En Argentina, la relación entre el precio internacional del crudo y los combustibles locales tuvo distintas etapas. Durante años, el esquema del llamado “barril criollo” desacopló parcialmente los precios internos de las fluctuaciones externas, con el objetivo de sostener la producción local y amortiguar el impacto sobre los consumidores. Este sistema implicaba, en los hechos, un precio administrado que protegía tanto a productores como a refinadores frente a shocks internacionales.

Con la liberalización del mercado energético en 2024–2025, este esquema fue desarmado, dando lugar a una mayor alineación con los precios internacionales. El resultado fue una mayor volatilidad en los surtidores, pero también una señal de precios más consistente con los incentivos de inversión, particularmente en sectores estratégicos como Vaca Muerta.

En este nuevo contexto, la decisión de YPF de introducir un “buffer de precios” puede leerse como un intento de moderar esa volatilidad. Sin volver a un esquema de control pleno, la empresa busca suavizar los movimientos abruptos del precio internacional, evitando traslados inmediatos al consumidor. La medida en principio es por 45 días y ha sido justificada por Horacio Marín, presidente de YPF, como respuesta a una mayor elasticidad detectada en la demanda de combustible. Sin embargo, lo que está detrás es un intento de evitar que la suba del petróleo impacte de pleno en la tasa de inflación, en un marco donde la misma lleva nueve meses de aceleración.

Este tipo de decisiones reflejan una tensión estructural. Por un lado, la necesidad de que los precios reflejen los costos reales y generen incentivos correctos para la inversión. Por otro, el impacto que esos mismos precios tienen sobre la inflación y el poder adquisitivo. En economías como la Argentina, con alta sensibilidad inflacionaria, este equilibrio es particularmente delicado.

Pero el fenómeno no es exclusivo del plano local. A nivel global, la discusión sobre la inflación volvió a girar —aunque de forma más silenciosa— hacia los costos. Durante los Últimos años, los principales bancos centrales del mundo, como la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón, han enfrentado una inflación que no responde únicamente a la demanda, sino también a shocks de oferta: energía, cadenas logísticas y conflictos geopolíticos. Esto plantea un límite a la efectividad de la política monetaria. Subir tasas puede enfriar la demanda, pero no produce petróleo ni resuelve conflictos internacionales. En ese sentido, una parte relevante de la inflación reciente —y potencialmente futura— es de naturaleza “importada”, vinculada a factores que escapan al control directo de los bancos centrales.

Para Argentina, esto agrega una capa adicional de complejidad. En un esquema que busca anclar expectativas a través del orden fiscal y la estabilidad cambiaria, los shocks de costos externos pueden erosionar esos anclajes. El aumento del precio de la energía no solo impacta directamente en el IPC, sino que también presiona sobre tarifas, subsidios y costos productivos.

En síntesis, el episodio reciente vuelve a recordar una lección conocida: la inflación no es únicamente un fenómeno monetario, sobretodo en el corto plazo. En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas y mercados energéticos volátiles, los costos vuelven a ocupar un lugar central. La política económica, tanto en Argentina como en el resto del mundo, deberá navegar este escenario con herramientas que, muchas veces, resultan insuficientes frente a shocks que se originan fuera de sus fronteras.

 

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