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Espectáculos |UN PASEO POR BUENOS AIRES

La cárcel desde adentro: el día a día de un preso que desafía los estereotipos

Marcos Joubert filmó su estadía en el penal y con la cineasta Toia Bonino crearon el documental “Plata o mierda”

La cárcel desde adentro: el día a día de un preso que desafía los estereotipos

Joubert en la cárcel: filmó las imágenes con un celular contrabandeado

30 de Abril de 2026 | 05:39
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Toia Bonino y Marcos Joubert pertenecen a mundos distintos. Al momento de filmar “Plata o mierda”, película codirigida por ambos que, tras pasar por el Bafici, se estrenó ayer en el porteño Cine Gaumont, ella era una cineasta casi diez años mayor que él, que con su cine había viajado de Mar del Plata a República Checa; y él estaba preso.

Pero los dos habían tenido un acercamiento mientras Bonino filmaba su anterior documental, “La sangre en el ojo” (sobre un hombre que sale de la cárcel con la idea de vengar a su hermano): Joubert filmó algunas imágenes para aquella película, y cuando su novia lo visitó mientras estaba detenido, le escribió en una carta que “si Toia supiera que estoy preso, le interesaría hacer algo”.

Así que Bonino se acercó, y le pidió que filmara algunas imágenes desde adentro, con un celular que mantenía de manera irregular dentro de su celda. La relación evolucionó, Marcos siguió grabando desde adentro del penal “imágenes de una sensibilidad increíble”, Toia empezó a guardar sus intercambios por teléfono, y terminaron realizando, primero, dos cortometrajes (“La piba de oro” y “Engomado”), y luego, “Plata o mierda”, el relato en primera persona de Joubert de sus días en la cárcel, y también retrato de su relación, de sus idas y vueltas, con Bonino a lo largo de ese período.

“Seguí grabando”, cuenta Joubert, en diálogo con EL DIA, porque “lo que me salvó fue la cámara del teléfono, me sirvió para ocupar la cabeza en cosas que no me hacían mal”. Su retrato de la vida en la cárcel escapa a la de muchos documentalistas que llegan a las cárceles a filmar la sordidez. Ni hablar de las películas y series que fetichizan la marginalidad en la pantalla y convierten a las cárceles en lugares hiperviolentos y poblados de personajes de “Titanes en el ring”. El resultado, dice Bonino, está “por fuera de ese estereotipo del criminal, que siempre es violento, que son todos parecidos”.

La película, en cambio, muestra los matices de la vida privada de libertad, los momentos de aburrimiento, los momentos de ternura, momentos de humor, que ocurren en esa convivencia forzada, mientras el tiempo transcurre lento, gota a gota, día a día.

“La historia mía es la historia de cualquier pibe que está en cana: extraña al hijo, no puede ver a los padres, no puede ir al cumpleaños de los familiares… Así que decidimos contar eso, lejos de la violencia, las drogas, lo que corre adentro de la cárcel. Eso es lo que muestran en las ficciones que hay en la televisión, pero es más real lo que mostramos nosotros que lo que aparece en la tele”, dice Joubert.

Y agrega Bonino al respecto: “La posición de Marcos era una posición privilegiada para contar él su historia, pero fue un trabajo de a dos, a distancia… Fue un trabajo enorme. Pero su posición le permitía presenciar situaciones que yo nunca hubiera podido filmar, a mí nunca me hubiera abrazado un chico que se iba de la cárcel, no hubiera estado en esos momentos donde también hay cosas divertidas. Eso le da un punto de vista excepcional, que él sea el codirector y el cámara de la película”.

La película se construye a partir de las imágenes que capturó Joubert de la intimidad carcelaria, y de los audios que intercambiaba con la directora a lo largo de su tiempo preso. Pero aunque Joubert capturó todas las imágenes por su cuenta, aunque Bonino editó el material casi enteramente mientras Joubert seguía preso “la película la hicimos juntos”, dice Bonino. “De diferentes maneras, en distintos momentos, con diferentes grados de acuerdo. El modo en que se dividieron los roles está bastante por fuera de una película de la industria, después el cine viene con esos créditos donde yo soy montajista y Marcos es DF y cámara. Pero es un trabajo de colaboración que sobrepasa los roles que establece el cine”.

TENSIONES

La película no esconde las tensiones que surgen entre los colaboradores, los momentos donde Bonino pide y Joubert no quiere, los desacuerdos: las discusiones vía audios de WhatsApp son parte de la película.

“Las discusiones se dieron muchas veces porque yo no estaba pasando un momento muy lindo, estaba a punto de quedarme sin novia, más algún drama de la cárcel… Tenía muchos quilombos en la cabeza, y había días donde no quería hacer nada, ni levantarme de la cama”, confiesa Joubert en retrospectiva. “Toia buscaba la manera de motivarme, para que mi cabeza se despeje…”

Y Bonino concuerda: “Me interesaba la película, me interesaba las cosas que grababa, pero también lo impulsaba a seguir grabando como un modo de ayudarlo. A Marcos le faltaban 4 años más, no podía hablar por teléfono con el hijo, la novia lo dejaba, el progreso de su causa era frustrante… Insistirle a grabar, aunque él por momentos pensaba que era por mi interés, para mi era una manera de que se concentrara en otra cosa. Y además lo hacía muy bien”.

Al final Marcos salió, pero la película no lo muestra, no otorga al espectador ese alivio, esa liberación. Hay un traslado, pero no se sabe si es un primer paso hacia la libertad o una mudanza hacia un lugar peor. Y todo termina con un corte de luz: ambigüedad, angustia.

Explica Bonino: “Después de una situación tan dramática, lo que uno espera es un final feliz, salir de esa desesperación del encierro: la situación de Marcos fue esa, pero un montón de presos quedan adentro. Por eso termina como termina, con un montón de presos gritando por el corte de luz. Esa angustia de lo que es seguir adentro, con la burocracia del sistema judicial donde nunca queda claro quién se está ocupando de vos, si se están ocupando… Era tentador mostrar a Marcos afuera, pero había que contar también a esas personas que no salieron”.

CAMBIAR CABEZAS

“Plata o mierda”, en ese sentido, intenta cambiar ciertas percepciones. El cine puede hacerlo, dice Bonino: “Las imágenes, el cine en general, generan un estado de consciencia que posibilita que determinadas cosas pasen o no. A veces no es lineal, nunca es repentino, pero sin dudas las personas que ven la película se van reflexionando sobre esos encierros y sus condiciones”.

“El cine ayuda mucho a cambiar la mirada”, agrega Joubert. “En estos días en que se estrenó la película en el Bafici tuve muchas devoluciones, y me han comentado eso: que ahora ven distinto a los presos. Todos lo comparan con las ficciones que ven por tevé, claro”.

Y cierra Bonino. “Pero en principio, podemos decir que el cine, que la película nos ayudó a nosotros. No está dentro del radar de mi clase, ni de lo esperable, que yo tenga esta relación de amistad con una persona que estuvo presa. Gracias al cine pudimos construir esto, y es una prueba de que es posible ese vínculo: el sistema penitenciario hace todo lo posible para que las personas que están privadas de libertad nos parezcan repugnantes. Pero hay otros caminos que nos permiten otras relaciones”.

PARA AGENDAR
Qué: “Plata o mierda”, película de Toia Bonino y Marcos Joubert
Cuándo: Hasta el miércoles a las 20.15
Dónde: Cine Gaumont, Rivadavia 1635

 

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