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Diego Capusotto: “Jamás pienso en lo que hice, ya está hecho”

El actor, comediante e ícono televisivo dejó la tevé y ahora habita el teatro: llega a la Ciudad con “Tirria”, una historia de patricios en decadencia y su tenaz criado

Diego Capusotto: “Jamás pienso en lo que hice, ya está hecho”
Pedro Garay

Pedro Garay
pgaray@eldia.com

19 de Abril de 2026 | 04:04
Edición impresa

Diego Capusotto se fue de la tele sin mirar atrás. Después de 11 temporadas con “Peter Capusotto y sus videos”, dejó atrás una pantalla chica que se achicaba ante el avance de las plataformas, y donde el humor, siempre marginal en la grilla, se esfumaba de la pantalla. Desde entonces, escribió un libro de poesía, volvió al cine con Néstor Montalbano, y también volvió al teatro: hizo “Tadeys”, de Osvaldo Lamborghini, en el teatro, “Lado C”, una serie de entrevistas escénicas con Nancy Giampaolo, y, desde agosto, “Tirria”, comedia negra que llega al Coliseo Podestá el sábado.

La obra, protagonizada por Capusotto, Andrea Politti y Rafael Spregelburd, cuenta la historia de los Sobrado Alvear, familia patricia argentina venida a menos. Todos los veranos, los Sobrado Alvear fingen partir a Europa: en realidad, pasan tres meses encerrados en baúles en su mansión en decadencia. El único que sabe del asunto es Hilario, el fiel criado que interpreta Capusotto. Y es Hilario el que asume la misión de impedir que esa familia se caiga de la clase alta. Contra todo.

“Es que en definitiva tiene más conciencia de lo que es”, dice Capusotto, en diálogo con EL DIA, sobre la misión de su personaje. “Las familias patricias, cuando empiezan a deshilacharse, pierden toda identidad, intentan salvarse de la manera más bárbara, todo lo que supuestamente no son. Hilario es el personaje que más verdad tiene”.

E Hilario es el protagonista de un final que sacude los cimientos de lo que el espectador venía construyendo. “La obra no apunta a que se entienda todo rápidamente, sino a hacer un recorrido emocional para entender después qué fue lo que pasó, qué fue esto que vio”, cuenta al respecto. Es una obra compleja, desde su texto, desde los matices que tiene”, adelanta Capusotto. “Una obra con un lenguaje escénico particular: una comedia que tiene algo del teatro del absurdo, del grotesco, del payaso, un montón de lenguajes se entrecruzan, tiene algo de comedia negra”. También hay referencias al cine de los 40, “algo de ese lenguaje, de ese registro actoral. El puntapié fue un poco ese: Nancy y Lucas imaginaron esta historia como una película de los 40”.

Hay, señala Capusotto, “muchos puntos de contacto entre esta época y esa. La obra ha encontrado, a medida que la fuimos haciendo, algunos anclajes en la realidad, que en algún punto pueden conectarse con esa época, porque estamos transitando la historia argentina, que tiene algo cíclico, que tiene algo que sobrevuela como un fantasma”.

“Tirria” puede leerse así como una sátira de cierto aspiracionaismo, de cierta tilinguería de cierta clase nacional, que estaba en la década del 40, cuando transcurre la obra, y que se olfatea en un presente hecho de estas ficciones que se sostienen para aparentar estatus. “Es una obra que cuenta parte de nuestra historia, como todo lo que hemos hecho nosotros”, dice Capusotto: el plural lo usa para hablar de su sociedad con Nancy Giampaolo, que escribió la obra junto a Lucas Nine y que ya trabajó en teatro con Capusotto. “A esta altura del partido”, explica Capusotto, “intento trabajar con gente amiga, que uno conoce hace tiempo. Por las horas que se comparten, incluso. Para mi, es el mejor vehículo para que la cosa funcione, y que inclusive, cuando no funciona, que se puede hablar en términos menos trágicos”, se ríe.

Parte de ese equipo es su hija, Eva, también parte de la obra (al igual que Galo Politti, hijo de Andrea). “Es una maravilla compartir, pero no solo por lo filial: mi hija es actriz, yo respeto esa autonomía, así que es maravilloso compartir lo artístico”, cuenta al respecto.

- Interpretás a Hilario, un personaje de expresiones medidas, un poco lo contrario a lo que estamos acostumbrados a ver en vos. ¿Te interesaba como desafío?

- Desde ya. Jamás pienso en lo que hice, porque lo que hice ya está hecho, y tiene vigencia propia. Después, en la obra los personajes navegan por distintas situaciones: puedo trabajar lo exagerado desde lo mínimo. Y aunque esta comedia tenga mucho humor yo lo separo de lo que fue el proyecto con Pedro, u otros: esto tiene su propio lenguaje, su propia vida, y yo estoy al servicio de eso. Y el espacio es distinto: tiene el efecto de lo teatral, difiere completamente del medio audiovisual. No pienso lo que está esperando la gente de mí, tendría que estar haciendo otra cosa, y estaría guiandome por algo que nunca hice, siguiendo a la otra mirada que me instala en otro lugar no elegido por mí. Todo en lo que participé, lo elegí: esto es lo mismo. Y tampoco se me ocurriría volver a hacer los personajes de televisión: prefiero que sigan en ese medio, esto es otra cosa.

- ¿Cómo es hacer sátira hoy, cuando el espectáculo político es un poco satírico?

- Bueno, no podemos dejar de hacerlo porque hay algo oficializado que funciona, para mí, no como sátira sino como obscenidad. Esto es algo más inteligente: lo que está colocado es la imbecilidad, que no tiene que ver con el humor. Lo que prima ahora es una afectación del lenguaje, de las formas, pero que es más bruto o estúpido que gracioso. Es necesario que aparezca el lenguaje satírico, entonces, aunque sea de otra manera: estamos en otra época, no es ya la del programa. Y no podemos dejar de hacer porque el escenario actual nos sobrepasa, porque es un escenario estúpido: uno debería saltear esto.

- El programa se terminó hace varios años ya, pero parece hoy una profecía. ¿El humor revela cosas?

- Sí, claro, revela. Depende de cómo esté hecho, claro, pero desenmascara: a veces no es más que un lenguaje que afirma la imbecilidad reinante, pero en otros casos desenmascara algunas cosas públicas y personales que, ahí sí, me resulta necesario. Y después, hace reír: primero consigue llamar la atención, después desenmascarar, y tercero reírse porque sí. El humor convierte eso que tenemos día a día en algo más interesante, donde la propia tragedia pueda naturalizarse de una manera que no nos duela y esas cosas que uno siempre dice respecto al humor, que es un juego necesario, una manera de desmitificar la realidad, una manera de salir del día a día. La magia de hacer algo, en teatro, en cine, en televisión, tiene que ver con una especie de escape, de corrimiento de esto que conocemos, del día a día, para convertir eso en algo que sea más motivador para nosotros. Nada más que eso.

- ¿Y puede servir, el humor, como resistencia frente al presente?

- Para mi la resistencia requiere de un plan más abarcativo. Nosotros vamos a hacer humor en todas las épocas, la resistencia es más política, que es lo que se debería encontrar, en todo caso: recursos o elementos que hagan que uno pueda superar un momento por otro mejor.

- Hablando del presente, en la tele de la que te fuiste hay cada vez menos lugar para el humor, y para casi cualquier producción, también el cine está en etapa de achicamiento… ¿Cómo ves la situación desde el punto de vista más inmediato, desde lo material, lo laboral?

- No tengo problemas laborales, no los tengo desde que empecé a trabajar, pero los tiene un montón de gente que cada vez los va a tener más acentuados, porque el plan siempre es para unos pocos. Eso es lo que veo.

Para agendar
Qué: “Tirria”, obra de Nancy Giampaolo y Lucas Nine, protagonizada por Diego Capusotto, Andrea Politti y Rafael Spregelburd
Cuándo: Sábado a las 21
Dónde: Coliseo Podestá, 10 entre 46 y 47

 

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