“IOMA-gate”: la maniobra de los acusados detrás del supuesto fraude millonario, que va a juicio
“IOMA-gate”: la maniobra de los acusados detrás del supuesto fraude millonario, que va a juicio
Condenan a la Fundación de la Facultad de Ingeniería de la UNLP: “No es una simple entidad privada”
Radiografía del desempleo en la Región, que llegó al 9,5% y está al tope del ranking del país
Sigue el paro en la UNLP y los universitarios definen el plan de protestas
Ladrones se llevaron una caja fuerte de 200 kilos en otro golpe a comerciantes de La Plata
Sabrina Rojas comenzó un romance con un ex jugador de Estudiantes
Colapso cloacal: el embargo contra la Provincia sigue en pie
Un fallo suspendió las demandas contra Argentina en la causa YPF
Entraron de madrugada, desvalijaron una casa y provocaron destrozos
Dolor en La Plata por la muerte de José María Stacchiotti, comerciante y militante de la UCR
Así será el sistema de seguridad "multiagencia" de La Plata: conecta al 911 con el SAME y el COM
Subastarán tres propiedades: la más barata parte de los 26 mil dólares
Exenciones de tasas, entre los proyectos de la oposición en el Concejo
Los árboles de la vereda en riesgo y la responsabilidad, en disputa
Los números de la suerte del jueves 19 de marzo de 2026, según el signo del zodíaco
Quién era el hombre que se desvaneció y murió en el Camino Centenario
Menos escrituras e hipotecas: descenso de operaciones inmobiliarias
Bono extra para jubilados y pensionados de ANSES en abril: ¿de cuánto será?
Estimado lector, muchas gracias por su interés en nuestras notas. Hemos incorporado el registro con el objetivo de mejorar la información que le brindamos de acuerdo a sus intereses. Para más información haga clic aquí
Freepik
En una discusión de pareja, en una sobremesa familiar o en un debate político que escala en redes sociales, hay una escena que se repite con frecuencia casi teatral: nadie cede. Las palabras se endurecen, los argumentos se afinan como lanzas y, aun frente a evidencia sólida, admitir que el otro tiene razón parece una derrota intolerable. La pregunta, entonces, no es menor: ¿por qué cuesta tanto reconocer que uno está equivocado?
La respuesta no está en la falta de inteligencia ni en una supuesta mala intención. Está, más bien, en la arquitectura misma de nuestra mente. Desde mediados del siglo XX, la psicología social viene estudiando los mecanismos que se activan cuando nuestras creencias son desafiadas, y los hallazgos coinciden en algo inquietante: cambiar de opinión puede resultar emocionalmente doloroso.
Uno de los conceptos centrales para entender este fenómeno es la Teoría de la disonancia cognitiva, formulada por el psicólogo estadounidense Leon Festinger en 1957. Según esta teoría, cuando sostenemos una creencia firme y aparece información que la contradice, se produce una tensión interna, una incomodidad psicológica que el cerebro busca reducir rápidamente. Y muchas veces lo hace no corrigiendo la creencia, sino reinterpretando los hechos.
La disonancia cognitiva funciona como una alarma interna. Si alguien se considera una persona racional y justa, pero descubre que defendió una postura basada en información falsa, esa contradicción hiere la autoimagen. Para aliviar ese malestar, el cerebro suele optar por caminos más sencillos que el reconocimiento del error: desacreditar la fuente, minimizar la evidencia o cambiar el foco de la discusión.
A este mecanismo se suma el llamado sesgo de confirmación, ampliamente estudiado por el premio Nobel Daniel Kahneman. Este sesgo describe nuestra tendencia a buscar, interpretar y recordar información que confirma lo que ya creemos, mientras ignoramos o relativizamos lo que lo contradice. No es un acto deliberado de terquedad, sino una economía mental: revisar convicciones profundas exige esfuerzo y energía.
En tiempos de algoritmos y burbujas informativas, este sesgo se potencia. Las redes sociales y los entornos digitales tienden a mostrarnos contenidos alineados con nuestras preferencias, reforzando la sensación de que “todos piensan como yo”. En ese contexto, encontrarse con una opinión contraria no solo resulta incómodo: puede vivirse como una provocación.
LE PUEDE INTERESAR
De propietarios a anfitriones: la generación de adultos que alquila habitaciones para sobrevivir
LE PUEDE INTERESAR
La trama profunda del déficit habitacional en la Argentina
Pero no todo es un asunto cognitivo. También está el ego. Para muchas personas, tener razón está íntimamente ligado a la autoestima, a la imagen de competencia y al lugar que ocupan frente a los demás. Ceder en una discusión puede sentirse como perder estatus o autoridad, especialmente en ámbitos laborales o familiares donde el poder simbólico está en juego.
El problema se profundiza cuando las opiniones forman parte de la identidad. Las posturas políticas, religiosas o morales no son simples datos intercambiables: están entrelazadas con la historia personal, los vínculos y el sentido de pertenencia. En esos casos, admitir un error no implica solo corregir un argumento, sino cuestionar una parte del propio “yo”.
Las neurociencias han observado que, en debates intensos, se activan áreas cerebrales asociadas a la amenaza. Es decir, el cerebro puede reaccionar ante una idea opuesta casi como si se tratara de un ataque personal. En ese estado defensivo, disminuye la capacidad de escucha y aumenta la necesidad de proteger la postura propia, aun cuando la evidencia indique lo contrario.
A todo esto se suma el costo social. Cambiar de opinión en público puede generar miedo a la burla, a la crítica o a ser percibido como incoherente. En culturas donde la firmeza es valorada y la duda se asocia con debilidad, reconocer un error exige una cuota importante de valentía.
Sin embargo, distintos estudios en psicología del desarrollo y en liderazgo coinciden en que la flexibilidad cognitiva es un indicador de madurez emocional. Las personas capaces de revisar sus creencias frente a nueva información suelen construir vínculos más sólidos y generar mayor confianza. Lejos de debilitar la autoridad, la capacidad de admitir un error puede fortalecerla.
Reconocer que el otro tiene razón no es un acto de rendición, sino un ejercicio de humildad intelectual. Implica tolerar la incomodidad, aceptar la vulnerabilidad y priorizar la verdad por encima del orgullo. En una época marcada por la polarización y el ruido constante, quizás esa sea una de las habilidades más urgentes y escasas: la de decir, sin dramatismo, “me equivoqué”.
ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES
HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS
Para disfrutar este artículo, análisis y más,
por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales
¿Ya tiene suscripción? Ingresar
Full Promocional mensual
$740/mes
*LOS PRIMEROS 3 MESES, LUEGO $6990
Acceso ilimitado a www.eldia.com
Acceso a la versión PDF
Beneficios Club El Día
Básico Promocional mensual
$570/mes
*LOS PRIMEROS 3 MESES, LUEGO $4500
Acceso ilimitado a www.eldia.com
Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884.
© 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados.
Registro DNDA Nº RL-2024-69526764-APN-DNDA#MJ Propietario El Día SAICYF. Edición Nro. 6986 Director: Raúl Kraiselburd. Diag. 80 Nro. 815 - La Plata - Pcia. de Bs. As.
Bienvenido
Estimado lector, muchas gracias por su interés en nuestras notas. Hemos incorporado el registro con el objetivo de mejorar la información que le brindamos de acuerdo a sus intereses. Para más información haga clic aquí
Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com
Bienvenido
Estimado lector, con sólo registrarse tendrá acceso a 80 artículos por mes en forma gratuita. Para más información haga clic aquí
DATOS PERSONALES
Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com
¿Querés recibir notificaciones de alertas?
Para comentar suscribite haciendo click aquí