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Temas |DEMOGRAFÍA, DESEO Y POLÍTICAS PÚBLICAS EN DEBATE

“Baby boom”: ¿Puede suceder otra vez en Argentina?

La caída histórica de la natalidad, el envejecimiento acelerado y un cambio profundo en los valores culturales alejan la posibilidad del suceso. Especialistas advierten que el desafío ya no es tener más hijos, sino decidir qué sociedad estamos dispuestos a tener

“Baby boom”: ¿Puede suceder otra vez en Argentina?

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11 de Enero de 2026 | 03:37
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Durante décadas, el “baby boom” funcionó como una imagen potente: una explosión de nacimientos asociada a futuro, crecimiento y reconstrucción social. Ocurrió entre 1946 y 1960, luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando millones de familias en distintos países decidieron tener hijos como un gesto colectivo de continuidad. Hoy, en la Argentina, ese escenario parece no solo lejano, sino prácticamente irrepetible.

Vayamos a los datos que son contundentes. En los últimos años, la natalidad cayó cerca de un 40% a nivel nacional y tocó su mínimo histórico. En 2023 se registraron poco más de 460 mil nacimientos, la cifra más baja en medio siglo. La tasa de fecundidad ronda los 1,3 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Al mismo tiempo, la mortalidad se mantiene relativamente estable y la expectativa de vida continúa en aumento. El resultado es un fenómeno que los especialistas ya no dudan en nombrar: invierno demográfico.

¿Y EN LA PLATA?

La ciudad de La Plata ofrece una radiografía precisa de este proceso. Entre 2020 y 2025, los nacimientos cayeron un 38%, mientras que las defunciones apenas variaron. En 2020 habían nacido 10.839 bebés y fallecido 7.934 personas, con un saldo positivo cercano a las 3.000. Cinco años después, los nacimientos bajaron a 6.750 y las muertes se mantuvieron en torno a las 7.136. Por primera vez, el saldo natural fue negativo.

La tendencia no es coyuntural ni atribuible únicamente a la pandemia. Superado el exceso de mortalidad de 2021, las muertes volvieron a valores habituales, pero los nacimientos siguieron cayendo. Las proyecciones hacia 2035 anticipan un escenario aún más crítico, con déficits poblacionales sostenidos y un envejecimiento acelerado que impactará de lleno en el sistema educativo, sanitario y previsional.

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EXCEPCIÓN HISTÓRICA

Para Facundo Stazi, docente y asesor pedagógico de la Ciudad, pensar en un nuevo baby boom implica desconocer las condiciones excepcionales que lo hicieron posible. “Entre el 46 y el 60 se dio una convergencia histórica imposible de replicar”, explica en diálogo con EL DIA. La generación de los padres de los baby boomers había atravesado una guerra devastadora, una altísima mortalidad previa y la interrupción forzada de proyectos de vida. Tener hijos era, entonces, un acto simbólico de reparación y de futuro.

Pero no solo se trataba de deseo. También existían condiciones materiales favorables. “Con poco más de dos sueldos anuales se podía comprar una casa”, señala Stazi. Un ingreso familiar promedio alcanzaba para sostener una vivienda, con jornadas laborales de 40 horas semanales y un solo sostén económico. Hoy, en Argentina, una familia necesita más de una década de ahorro íntegro para acceder a un departamento pequeño, si es que puede hacerlo.

Incluso en países donde la vivienda no representa un problema estructural, la natalidad también cae. Esto demuestra que la explicación no es solo económica.

HIJOS: ¿VALOR O COSTO?

Uno de los cambios más profundos es cultural. Durante la era del baby boom, los hijos eran un valor social, una fuente de estatus y sentido. No eras considerado una familia hasta que no los tenías, y tener varios era la norma. Hoy, en cambio, los hijos suelen ser pensados como un costo: económico, emocional, de tiempo y de proyecto personal.

“Vivimos en una época de valoración del yo frente al nosotros”, reflexiona Stazi. No desde un juicio moral, aclara, sino como un diagnóstico social. Muchas personas eligen —o sienten que eligen— una vida más tranquila, más barata y más cómoda. La pregunta incómoda es si esa libertad es plena o si también está atravesada por la resignación: “Como creo que no puedo, prefiero decir que no quiero”.

A esto se suma la hiperexigencia parental. La crianza aparece medicalizada, planificada al extremo, cargada de mandatos de perfección. Donde antes existía una red comunitaria, hoy hay agendas de “citas de juego” y padres exhaustos intentando hacerlo todo bien, muchas veces en soledad.

EL CONTROL REPRODUCTIVO Y EL ROL DEL ESTADO

Otro factor decisivo es el acceso al control reproductivo. En los años 50 no existían anticonceptivos eficaces, la educación sexual era prácticamente inexistente y la autonomía reproductiva femenina era muy limitada. Hoy ocurre lo contrario. Esto, por sí solo, no explica la caída de la natalidad, pero sí facilita su magnitud.

Paradójicamente, el mismo ecosistema de políticas públicas que amplió derechos reproductivos también acompaña la decisión de no tener hijos. En países como Finlandia, donde existen licencias parentales extensas y equitativas, la natalidad también es baja. Las políticas no generan deseo, pero pueden mejorar las condiciones para que ese deseo exista.

En Argentina, las señales suelen ir en sentido contrario. “Tener un hijo implica enfrentarse a un sistema que castiga a las familias”, coinciden varios analistas. Altos costos de vida, precariedad laboral, falta de vivienda y un Estado ausente terminan por desalentar cualquier proyecto familiar.

MÁS VIEJOS, MENOS PREPARADOS

Desde el sistema de salud, la preocupación va en otra dirección. Un médico pediatra de la ciudad advierte -en diálogo con EL DIA- que el debate no puede centrarse solo en cuántos nacen, sino en “cómo se cría y cuida”. “Los primeros seis años de vida forman la personalidad. Si no hay condiciones adecuadas de educación y contención, después esos chicos pagan el plato”, señala.

Pero el problema no se agota en la infancia. El aumento de la expectativa de vida generó un desafío para el que la sociedad no está preparada. “No estamos preparados ni desde lo sanitario ni desde lo familiar para cuidar adultos mayores”, afirma. La falta de redes, de formación y de infraestructura se vuelve evidente incluso en situaciones extremas, como familias que no retiran a sus fallecidos.

EDUCACIÓN, AULAS VACÍAS Y FUTURO

La caída de la natalidad ya impacta de lleno en el sistema educativo. En la Provincia de Buenos Aires se perdieron más de 150 mil alumnos entre 2021 y 2024. Los niveles más afectados son el Inicial y el Primario, un reflejo directo de la menor cantidad de nacimientos. Las salas de 4 años perdieron más de 60 mil chicos en apenas dos años.

Algunos especialistas ven en esto una oportunidad para mejorar la calidad educativa, con menos alumnos por aula. Otros advierten sobre el riesgo de cierres, fusiones y pérdida de puestos de trabajo docente si no se reformulan las reglas del sistema.

¿OTRO BABY BOOM? LA PREGUNTA EQUIVOCADA

Con este panorama, la pregunta por un nuevo baby boom parece mal formulada. No se trata de volver a un pasado irrepetible ni de forzar nacimientos. El verdadero desafío es reconstruir el deseo de futuro.

“Un país sin niños es un país envejecido, sin horizonte”, advierten los informes educativos. Pero la solución no es obligar a tener hijos, sino garantizar que vivir, criar y proyectar no sea una condena a la precariedad.

La discusión que se impone no es demográfica sino política y cultural: qué vida ofrecemos, qué redes sostenemos, qué futuro prometemos. Sin eso, no habrá baby boom posible. Solo una lenta administración del derrumbe.

Datos que explican la dificultad de un nuevo “baby boom”

1 CAÍDA HISTÓRICA DE LA NATALIDAD: En Argentina cayó cerca del 40 % en los últimos años. En 2023 se registró la cifra más baja en 50 años.

2 DATOS EN LA PLATA: Entre 2020 y 2025, los nacimientos cayeron un 38 por ciento mientras que las muertes se mantuvieron.

3 PROYECCIONES DEMOGRÁFICAS ALARMANTES: En 2035, se esperan déficits poblacionales sostenidos. Se prevé que el envejecimiento de la población afecte el sistema de saludl, la educación y el sistema previsional.

4 EDUCACIÓN Y AULAS CADA VEZ MÁS VACÍAS: Entre 2021 y 2024, se perdieron más de 100.000 en la provincia de Buenos Aires. Las salas de 4 años perdieron más de 60.000 chicos en solo dos años. Los más afectados: nivel Inicial y Primario.

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