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Séptimo Día |REPERCUSIONES EN EL MUNDO

Cada día canta mejor

Una novela del escritor porteño Luis Mey. Vigencia popular de Carlos Gardel y seguimiento del fenómeno por la literatura. No dejan de aparecer poemas y novelas sobre el Zorzal Criollo

Cada día canta mejor

Carlos Gardel, cantante, compositor y actor de cine, nació en el siglo XIX y falleció en 1935 / Web

MARCELO ORTALE
Por MARCELO ORTALE

8 de Marzo de 2026 | 04:16
Edición impresa

Muchas fábricas dejan de funcionar, pero afortunadamente, no pasa lo mismo con las producciones literarias que rescatan mitos y leyendas. Entre ellos uno de los tópicos más concurridos es el de Carlos Gardel. Obras de ficción, ensayos, poemas, monografías se acercan a ese inagotable manantial y ahora está circulando con más agilidad por las librerías la novela del porteño Luis Mey (1979-) titulada Cada día canta mejor (Factotum Ediciones), que se mete a fondo en la vida del Zorzal Criollo.

Mey, que es un prolífico escritor y librero –autor de unas cuarenta novelas, muchas de ellas publicadas por Seix Barral, Emecé, Notanpuán y la mencionada Facdtotum- no está solo en la empresa de acercarse al mito.

Es así que en la última década la bibliografía de Gardel se vio enriquecida por unos 45 nuevos libros que tratan sobre su enigmática y fascinante figura, que lleva más de cien años subida a un pedestal idolátrico por obra de cuatro generaciones.

Pero argentinizar esa idolatría constituiría una incorrección: basta tomar en cuenta los infatigables intentos uruguayos por demostrar que nació en la otra orilla.

El atractivo gardeliano desborda las fronteras, está universalizado hace décadas. No alcanzaría este espacio para describir su vigencia en países de Europa, de Asia y por supuesto de América.

Así, en Chile hay patentada una expresión, que es la de “hoy canta Gardel” para reemplazar a la de “hoy pagan los sueldos”.

En Colombia, en el trágico aeropuerto de Medellín, puestos de venta ambulante ofrecían, hasta no hace mucho, supuestos “dientes de Gardel”. El muestrario a veces ridículo, a veces sublime, es inagotable: en 1981, en la Bienal de Arte de Medellín, Marta Minujín quemó una escultura monumental de 17 metros de alto, hecha con estructura metálica y piel de algodón, con la figura de Gardel. Se la conoció como “Carlos Gardel de fuego”, ya que el cantor murió en esa ciudad colombiana abrazado por las llamas del avión en el que viajaba.

Minujín imaginó esa exposición como una manera de expiación de los colombianos y fueron miles los habitantes de esa ciudad que asistieron conmocionados a esa purgadora quemazón del Zorzal. La Minujín contó luego que le pagaron 100 mil dólares por ese happening, del que quedan filmaciones.

En 2015 la escritora y profesora portoriqueña escribió la novela La amante de Gardel, basada en el paso de Gardel por Puerto Rico en 1935, en la gira que concluiría en forma trágica en Medellín. En el relato, que trata sobre un amorío y acerca de curanderos, hay frases a rescatar: “Hay gente que puede limpiarle el alma a una muchedumbre entera; eso también es curar…Y lo único que tiene que hacer es abrir la boca y cantar”. Gardel poco antes había eclosionado en Nueva York, en donde la poderosa industria cinematográfica lo barajó como sucesor de ese otro mito que fue Rodolfo Valentino.

Es improbable que algún otro cantante popular de cualquier otro país de la tierra reciba, 90 años después de su muerte, una devoción similar. Acaso Elvis Presley se le acerque. Pero no ocurre nada parecido con Edith Piaf o Frank Sinatra. Que Gardel cante cada día mejor es algo único. Y sigue escapando del olvido.

Pero conviene destacar que no todos los poderes literarios se inclinaron ante Gardel. La novela del porteño Mey es una distopía incómoda para el lector, con momentos de terror. Se trata de una obra de estructura propia del género policial que se desarrolla en buena medida en el torno al cementerio de la Chacarita, en donde está ese muestrario de placas con centenares de declaraciones de amor universales en la bóveda de Gardel.

La ficción de Mey no rinde armas frente al Zorzal, sino que lo que busca determinar es cómo murió realmente y cuál pudo ser la influencia de una patota de zombis, centrándose la investigación en la letra del tango Volver compuestas por Alfredo Lepera, ese olvidado gran poeta que también falleció junto a Gardel en el avión accidentado de Medellín en 1935. Las últimas páginas están ocupadas por un estremecedor diálogo entre Gardel y el autor del libro.

LOS ESCRITORES

Muchos poetas argentinos, cultos y populares le escribieron poemas que son como puentes tendidos para llegar hasta esa personalidad épica y trataron de profundizar en la intimidad de aquel cantor que entonó elegías para rescatar a la historia popular.

Acaso el primero de esos acercamientos fue el homenaje cantado a Gardel que, pocos días después de la tragedia en Medellín, le tributó con voz quebrada el otro cantor popular, Agustín Magaldi, titulado “¿Por qué te fuiste hermano?”

Algunas de esas muchas muestras de cariño –muy pocas de hostilidad- fueron musicalizadas e incluso llevadas al disco; otras, publicadas en libros y revistas. El trajín de las grabadoras y de las editoriales no ha cesado.

Y después de lo de Magaldi, llegaron las letras de poetas como Enrique Cadícamo, Carlos Casellas, Humberto Constantini, Mario Jorge De Lellis, Raúl González Tuñón, Iván Diez, Luis Formento, Alberto Girri, Justo Inchaupe, Juan Carlos Lamadrid, Horacio Sanguinetti y tantos otros.

Es por lo menos curioso que un poeta culto y racional –al menos así lo califica la mayoría de los críticos- como fue Alberto Girri decidiera dedicarse a la memoria de Gardel. Así empieza el poema: “Al declinar su entregada garganta/ el tramo último,/ el arte de preparar en calma/ la burda y desolada muerte natural/ fue como un reto lanzado a los mercados/ a la escondida, inaccesible historia/ de la oscura gente sin pompa/ Y sucedió que en medio del otoño/ comenzaron a verlo día a día/ sobreviviendo en las madreselvas/ de pie junto al farol constante…”

 

El atractivo gardeliano desborda las fronteras, está universalizado hace décadas

 

Mas coloquial escribió Constantini: “Para mí, lo inventamos./ Seguramente fue una tarde de domingo/ con mate/ con recuerdos/ con tristeza/ con bailables bajito/ en la radio/ después de los partidos…” El poema sigue y de pronto llegará la invención del mito, en el final: “Hagamos pues un Dios a semejanza / de lo que quisimos ser y no pudimos. / Démosle lo mejor, / lo más sueño y más pájaro / de nosotros mismos./ Inventémosle un nombre, una sonrisa, / una voz que perdure por los siglos / un plantarse en el mundo, lindo, fácil / como pasándole ases al destino.” / Y claro, lo deseamos / y vino. / Y nos salió morocho, glorioso, engominado, / eterno como un Dios o como un disco. / Se entreabrieron los cielos de costado / y su voz nos cantaba: / mi Buenos Aires querido”.

Borges valoró el primer Gardel, el de los estilos criollos y el que entonó milongas belicosas con duelos arrabaleros, para deplorar luego el “sentimentalismo” de su época final (la más exitosa) del tango canción. Valoró su voz pero no estuvo de acuerdo con las letras quejosas de sus últimas canciones. En cambio, Ernesto Sábato opinó exactamente lo contrario, al considerar que con su última etapa, la que puede simbolizarse en las letras de Lepera, “Gardel universalizó el tango”.

 

En Chile hay una expresión: “Hoy canta Gardel”. Significa: “Hoy pagan los sueldos”

 

Julio Cortázar, que amaba el jazz y vivía en Paris, un día recibió unas grabaciones de Gardel y contó lo siguiente: “Ahora unos amigos me han dejado una victrola y unos discos de Gardel. Enseguida se comprende que a Gardel hay que escucharlo en la victrola, con toda la distorsión y la pérdida imaginables; su voz sale de ella como la conoció el pueblo que no podía escucharlo en persona, como salía de zaguanes y de salas en el año veinticuatro o veinticinco. Gardel-Razzano, entonces: «La cordobesa», «El sapo y la comadreja», «De mi tierra». Y también su voz sola, alta y llena de quiebros, con las guitarras metálicas crepitando en el fondo de las bocinas verde y rosa: «Mi noche triste», «La copa del olvido», «El taita del arrabal»”.

Cortázar coincidió en parte con Borges: “Los jóvenes prefieren al Gardel de «El día que me quieras», la hermosa voz sostenida por una orquesta que lo incita a engolarse y volverse lírico. Los que crecimos en la amistad de los primeros discos sabemos cuánto se perdió de «Flor de fango» a «Mi Buenos Aires querido», de «Mi noche triste» a «Sus ojos se cerraron». Un vuelco de nuestra historia moral se refleja en ese cambio como en tantos otros cambios”.

Y el mundo siguió andando. Gardel pasó a ser lo que es, un adjetivo para el pueblo. Un adjetivo que incluye un tácito elogio. Nuestro país es y será por tiempo un adolescente, comparado con los que cuentan con culturas milenarias. Apenas si tenemos un trazo de historia gloriosa y unos pocos, muy pocos, mitos culturales. Quiérase o no, uno de ellos le corresponde al que “cada día canta mejor”.

CADA DÍA CANTA MEJOR
LUIS MEY
Editorial: Factotum Ediciones
Páginas: 160
Precio: $24.500
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Carlos Gardel, cantante, compositor y actor de cine, nació en el siglo XIX y falleció en 1935 / Web

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