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Abusos

Abusos

Alejandro Castañeda
Alejandro Castañeda

15 de Marzo de 2026 | 04:14
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JUEZ.- En el juicio que se le sigue a Patricio Maraniello, juez Civil y Comercial federal, denunciado por maltrato laboral y acoso sexual, María Francos, secretaria privada, declaró: “No volvería a trabajar con Maraniello, no resignaría mi paz espiritual por nada”. Según su exposición, el juez contrató a una ordenanza “Maraniella”, que –según los denunciantes- le exigía, a las empleadas y funcionarias mujeres, el uso de minifaldas y maquillaje.

En la Comisión de Disciplina que interviene en esta causa, se habían escuchado algunos testigos, entre ellos el ex camarista Guillermo Antelo quien contó que oyó a una de las víctimas y aseguró que Maraniello le exigía “usar pollera corta, maquillaje y tacos” y “todos los días entraba a su despacho, la agarraba de la cintura y la besaba”. Era parte del protocolo.

Su señoría seguramente sentiría que, el poder contemplar minifaldas y señoras con taco y de buen presente, mejoraba vistas y sentencias.

En cada encuentro, el personal del juzgado tenía que poner a su disposición, según han relatado, causas y siluetas.

Por supuesto, el juez también elegía asistentes capaces de poder llevar con gracia y encanto esas producciones. Maraniello consideraba la apariencia como un valor estimable y obligatorio, destinado a entregarle a la justicia un recreo visual entre tanto palabrerío.

“La visión –escribió la talentosa Susan Sontag- es un sentido promiscuo y la mirada ávida siempre quiere más”. Su despacho, al final, era una pasarela para sus entusiasmos.

FUNCIONARIO.- Lo de las presencias femeninas que terminan turbando a más de un funcionario, es algo conocido. Hoy la está pasando mal el exvocero y actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que tuvo la ocurrencia de llevar a Nueva York, de paseo y en el avión presidencial, a su esposa.

La tribu libertaria, que se dice tan enemiga de los gastos superfluos, se encontró metida en un episodio que obligó al funcionario apuntado a extenderse en explicaciones, disculpas y contradicciones para poder justificar la presencia de la señora, una coaching ontológica, disciplina donde sobrevuelan influencers y las sanadora.

Fue en una de esas declaraciones, cuando Adorni lanzó la palabra maldita: “Yo quería que mi mujer me acompañe porque vengo una semana a deslomarme acá”. A veces pasa: los que tienen la misión de aportar calma, acaban, sin querer, desatando tormentas. Se arrepintió del deslome, pero el escándalo no amainó.

Mientras avanza la investigación, su coaching, especialista en alivio, tiene trabajo de sobra para poder lucirse.

POLICÍA.- Otro escándalo de sexo sacudió a la fuerza policial de Cañuelas tras la difusión de un video que compromete a un oficial de servicio. Una cámara de vigilancia registró el momento en que el efectivo mantenía un encuentro sexual con una mujer a escasos metros del patrullero que tenía asignado para recorridas. Son escaramuzas gustosas que no mejoran el viático, pero lo colorean.

El apasionado oficial ya fue separado. La defensa había argumentado que estaba solo, pero las cámaras lo mostraron en pleno tiroteo, inmovilizando con ganas compartidas a una mujer que mal o bien le vino a alegrar su noche de ronda.

Acostumbrado a las urgencias, todo fue rápido. No hubo previa romántica. El uniforme no ayuda a poder ganar tiempo. Entre pistolas, botas y cintos, el primer ratito trajo más “¡apurate!” que suspiros.

La defensa dijo (como para diferenciarse de Adorni) que no utilizó el vehículo oficial para el acto central. ¿Por temor a manchas y a tener que escuchar los mensajes de la central? La cámara lo muestra que se apoyaron con ganas en la puerta del rodado. Lo disfrutaron. Este sí que se deslomó.

Las pausas de los patrulleros son escaramuzas gustosas que no mejoran el viático, pero lo colorean

El juez Maraniello le exigía a sus empleadas, “usar pollera corta, tacos y maquillaje”

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