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Jorge Colina*
eleconomista.com.ar
En Argentina hay 25 millones de personas en edad de trabajar. O sea, entre 18 años y la edad jubilatoria (60 mujeres y 65 varones). De estas personas, 18 millones tienen empleo, 2 millones se declaran desempleados (no tienen empleo pero buscan activamente uno) y los restantes 5 millones son laboralmente inactivos.
Este último segmento es el más nebuloso porque se trata de gente sin empleo y que no busca activamente uno, pero puede estar necesitando trabajar sólo que no intenta porque considera que no lo va a encontrar. Las razones pueden ser propias (entiende que no está preparada para tener un trabajo porque tiene bajos niveles de educación o no tiene experiencia laboral) o externas (entiende que no hay empleos disponibles y que buscar sería inútil). En este sentido, muchas veces el que se declara desempleado deja de serlo no porque haya conseguido trabajo sino porque dejó de buscarlo desalentado. En este caso pasa del desempleo a la inactividad.
Luego, entre los 18 millones de ocupados, hay unos 6 millones de empleados registrados en empresas privadas, 3 millones de empleados públicos y luego 9 millones de asalariados no registrados y cuentapropistas.
Este último segmento también es el más nebuloso dentro de los ocupados. Aquí hay personas que trabajan en relación de dependencia “en negro” o como cuentapropista informal, pero que no necesariamente están en situación de vulnerabilidad social. Puede ser una mujer o un joven, segundos generadores de ingresos de un hogar que tiene suficientes recursos y ellos se emplean precariamente para hacerse del dinero para sus gastos. También hay monotributistas que facturan con lo cual son cuentapropistas formales. En otros casos, sí hay gente en situación de vulnerabilidad, que pueden ser pobres o cerca de serlo, y trabajan en la informalidad para hacerse de ingresos de supervivencia.
El movimiento piquetero abreva en estos segmentos nebulosos del mercado laboral. La persona que se vincula a una organización piquetera lo hace para obtener un beneficio asistencial. Estas personas son desempleados activos, personas laboralmente inactivas y personas con empleos informales. El universo entonces donde el movimiento piquetero busca seguidores serían unos 13 millones de personas (5 millones inactivos, 2 millones desempleados y unos 6 millones de asalariados y cuentapropistas informales de bajos recursos). Este universo sería el que las organizaciones piqueteras denominan “economía popular”.
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Recientemente, el Ministerio de Desarrollo Social publicó un informe sobre las personas inscriptas en el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (Renatep). En este registro se inscriben las personas que reciben algún tipo de ayuda asistencial o bien que aspiran a recibir una ayuda. O sea, el Renatep vendría a ser la parte de los 13 millones de personas que está vinculada a los piqueteros.
El informe señala que el Renatep tiene 2,8 millones de inscriptos. Esto equivale al 20% del universo de 13 millones. Se podría decir que es la “representatividad” de los piqueteros.
También señala que 1 de cada 4 de los inscriptos trabaja en un comedor o merendero comunitario que, si bien el informe no lo aclara, casi con seguridad que se trata de comedores y merenderos de las organizaciones piqueteras que reciben subsidios del Ministerio de Desarrollo Social para funcionar. Dos tercios de estas personas son mujeres. Estas mujeres son el arquetipo de las personas laboralmente inactivas que en su vínculo con la organización piquetera pasan a hacer trabajos similares a los domésticos en comedores y merenderos comunitarios. Estas mujeres pasaron de la inactividad al empleo gracias al subsidio que el Ministerio de Desarrollo Social le dio a la organización piquetera.
Luego hay gente que declara como categoría ocupacional servicio de limpieza (10%), albañil o ayudante de albañil (8%), vendedor o feriante (7%), cocinero o productor de alimentos (6%), agricultor de huertas y jardinero (6%), entre las principales. Este es el arquetipo de trabajadores informales que se acercan a la organización piquetera en busca de un ingreso adicional, que puede venir de algún trabajo que consigan a través de la organización o de un plan asistencial que la organización le consiga. Esta es gente con empleo que busca en el plan social un complemento.
Así es como el Renatep permite visibilizar el perfil de este universo vasto de gente con problemas de empleabilidad y que se presentan nebulosamente en los indicadores laborales.
Lo que también visibiliza es que la salida no pasa por promover la “economía popular” en términos de seguir subsidiando comedores populares y generando pequeños empleos informales para esta gente. Lo que se necesita es multiplicar las inversiones y los empleos de razonable productividad y tener una legislación laboral y tributaria que promueva el empleo formal a fin de que esta gente se incorpore a la modernidad. Esta gente tiene que poder salir de esta trampa de la baja productividad que ahora se le llama eufemísticamente “economía popular”.
* Economista de Idesa
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